Por Demolay
La forma en como los miembros de la Orden reaccionan a su estructura, principios, enseñanzas, tradiciones, usos y costumbres, es diversa y muchas veces contradictoria, pero en todo caso entendible. El fondo de sus reacciones adversas y puntillosas puede ser la ignorancia de lo que la Francmasonería ES. Por ello, es posible advertir que en nuestro seno, los hermanos se clasifican en tres categorías:
El masón indiferente, que es aquél que se halla dentro de la Orden sin saber la causa de ello, que practica los ritos maquinalmente, sin comprender su hondo significado y que tampoco se preocupa por investigarlo, contribuyendo así a formar un dócil rebaño de hermanos que se deja conducir por la mano del más hábil. Este masón autómata es dócil y susceptible de ser instruido y puede abrigar esperanzas de que algún día podrá ser efectivamente iniciado en el verdadero significado de la Masonería. Por desgracia, recibe los Grados de la Orden únicamente merced a que es “útil” a los fines de algunos dirigentes igualmente ignorantes, quienes les conceden los Grados sólo porque ya cumplieron su tiempo y porque, además, pueden pagarlos.
El masón recalcitrante y puntilloso, que es aquél que desea a todo trance transformar los ritos, alterar las ceremonias, alejarse de las enseñanzas de los Maestros, y que considera que la Masonería es anticuada y obsoleta, opaca e intrascendente, y que piensa que es necesario reformarla a la luz de la ciencia positivista y aplicar en ella los conocimientos adquiridos en las universidades y que han sido publicados en Internet. Considera, además, que el simbolismo iniciático carece de valor, a pesar de que ignora su significado y aun así no se toma tampoco la molestia de estudiarlo. En consecuencia, este masón aspira a convertir la Orden en un mero club social y político y se preocupa por aparecer en los diarios promoviendo actividades muchas veces ajenas a los verdaderos fines de la Francmasonería.
El masón consciente, que a diferencia del “autómata” y del “puntilloso recalcitrante”, ha llegado a la Orden con una actitud humilde, dispuesto a conocer nuevos horizontes y conocimientos, quizás no disponibles en las universidades. Éste, viene libre de prejuicios y trata de aprender las enseñanzas de la Orden antes que predicarlas. El masón consciente llega efectivamente vendado y confesando su ignorancia respecto de la sabiduría; éste no viene con «actitud de sabio», sino abriendo su corazón a la Luz de la Iniciación. Este tipo de masón, luego de muchos años, «descubre», por sí mismo, el verdadero secreto de la Francmasonería y se preocupa por hacer de las Tenidas verdaderos banquetes de espiritualidad y de estudio de los grandes temas que constituyen la tradición iniciática de todos los tiempos. El masón consciente entiende que la filosofía masónica es siempre vigente y que constituye una de las alternativas más viables para construir el mundo de los tiempos por venir.
Ahora bien, colocado frente a la Orden Masónica, todo masón adopta una de las siguientes actitudes, según Sotelo Regil:
A) Si las enseñanzas de la Orden contradicen sus conocimientos adquiridos previamente en las Universidades o en la vida, luchará con un egoísmo personal, arrogante y vanidoso para modificar o desvirtuar dichas enseñanzas, hallando, constantemente, motivos diversos para contradecir a sus Maestros, buscando apoyo en la ciencia positiva. Buscará “actualizar” los cahiers de los Grados y mirará con desdén los procesos y mecanismos rituales de la Orden.
B) Si las enseñanzas de la Orden confirman sus conocimientos previos, entonces hallará en ella una justificación de su modo de pensar y una rectificación a la utilidad de su esfuerzo, haciéndose por este hecho solidario de las enseñanzas que en su seno recibe.
C) Por último, podrá tomar la actitud que adopta el sabio al estudiar un nuevo problema, sin ideas preconcebidas, ni en pro ni en contra, sino aceptando todos los argumentos, todas las ideas y todas las enseñanzas para sacar fruto de ellas, según le indique su razón y su grado de avance espiritual.
Los masones puntillosos, al no encontrar lo que buscan, acaban por retirarse de la Orden despotricando en contra de ella. Los masones indiferentes asumen su compromiso con la Orden por motivos ajenos a sus enseñanzas, y casi siempre enarbolando banderas políticas, tradicionalmente asociadas al “liberalismo”, al cual entiende meramente como un simple anticlericalismo. Los masones conscientes son los verdaderos candidatos a la Iniciación y son los que entienden el verdadero sentido de las palabras: “Llamad y se os abrirá”, “Pedid y se os dará” y “Buscad y hallaréis”.
En efecto, debemos tener presente que nuestros rituales nos prometen que la adquisición del secreto masónico es imponderable, y que por medio de él podemos «dominar a los hombres y a las cosas», y lo que es más importante, A NOSOTROS MISMOS, y que merced a él, algún día sabremos cómo se alcanza la inmortalidad. La Orden Masónica no es una institución superflua que aboga por la frivolidad. En realidad, ella se sustenta en los Grandes Misterios de la Iniciación, y es en base a ello que es trascendente, profunda y eterna.
Y tú, hermano, ¿qué tipo de masón eres?, ¿qué actitud tienes ante la Orden?, ¿eres puntilloso, recalcitrante o consciente?