La historia nos enseña que de la Masonería han salido, en todos los tiempos, hombres de gran visión, acrisolado altruismo e inagotable energía, que han dado a la humanidad sus más grandes impulsos de progreso. Para descubrir estos nuevos caminos, necesitaron nutrirse de la duda filosófica, no de la certeza dogmática; precisaron examinar lo que no es típico; en vez de conformarse con lo usual y corriente; tuvieron que desechar los cartabones, los textos consagrados y los manuales establecidos, decidiéndose a recorrer sendas supuestamente prohibidas para el pensamiento y aportando las soluciones a los problemas irresueltos. Para esto, dispusieron de una maravillosa facultad: la imaginación creadora.
Quizá la Masonería ha sido, a través de los tiempos, la única institución que se ha percatado de la importantísima función que tiene imaginación creadora en la evolución de la humanidad y ha descubierto y aplicado un método sencillo y eficaz para desarrollarla. Por eso ha sido y seguirá siendo el semillero de nuevas ideas, el portaestandarte de las vanguardias y la escuela en que se modelan los hombres y mujeres marginales que viven y piensan entre el hoy el mañana… los conductores de la humanidad.
Pero no solamente a esto se limita la Masonería; no se conforma con ver que cada miembro se cultive y perfeccione a sí mismo, sino que trata de desarrollar en todos y cada uno de ellos el firme sentimiento de Unión Solidaria y Fraternal, encauzando cuidadosamente todos sus esfuerzos hacia los nobles fines de humanismo, justicia social, equidad, libertad, tolerancia, auténtica democracia y progreso material espiritual de toda la humanidad.
Dejaría la Masonería de ser universal en sus finalidades si se mostrara partidaria de algún “ismo”, sexo, o enemiga de alguna religión. En el seno de la masonería universal se admiten a hombres de todas las religiones y se respetan las creencias de cada uno y su forma personal de rendir culto o no a Dios. Por lo mismo, están proscritas el proselitismo y las discusiones sobre los méritos relativos de tal o cual forma de culto, como no sea para reconocer que todas ellas representan modalidades del sentimiento de veneración del hombre hacia esa Entidad Suprema independientemente del nombre por el que se le invoque. La Masonería resume todas esas apelaciones en un termino común denominador: el “Gran Arquitecto del Universo”, sin establecer ningún culto especial para adorarle, pues considera que todos son buenos cuando nacen de los anhelos puros del ser humano.
En concomitancia con estos principios de libertad de conciencia y de culto, la Masonería no puede permanecer al margen de cualquier violación de estos postulados, como cuando los ministros de alguna religión (sea esta católica, mahometana, budista, etc.) detentan los poderes públicos y la soberanía de los pueblos. Cuando las religiones, convertidas por los hombres en tiranías esclavizadoras de las conciencias y prostituidas por la ambición de poder temporal, pretenden sojuzgar a la humanidad, la Masonería se yergue como campeona de la legitima libertad de creer o no creer, atendiendo únicamente a los dictados de la íntima conciencia y de la razón. De ahí que, aunque algunas veces y en algunos países la Masonería haya adoptado posturas anticlericales, o haya sido perseguida por el clero de alguna religión, no por ello es antirreligiosa.
En resumen, la masonería no es una religión, ni discute los principios de ninguna religión, sino por el contrario, las respeta a todas.
La Masonería es más que un club filosófico o una escuela de moral. Es una libre asociación de hombres de todas las condiciones económicas, y de todos los grados de cultura, a quienes los une el deseo de alcanzar un desarrollo y una evolución más alta en su personalidad interna, un dominio más perfecto de sí mismos, una afirmación de sus convicciones, una agudización más sutil de sus facultades intelectuales y un acendrado espíritu de abnegado servicio hacia sus semejantes. Dentro de la Masonería encuentran los hombres un ambiente de libertad, de respeto mutuo, orden, seriedad, estudio y fraternidad.
La Masonería contiene una filosofía educativa propia, basada en el estudio imaginativo y profundo de símbolos y alegorías que persiguen como finalidad el desarrollo del pensamiento propio, original, lógico y constructivo, con el resultado de que cada masón palpa pronto los frutos de este perfeccionamiento personal al notar que se ensancha extraordinariamente su manera de ver la vida, se despiertan aptitudes desconocidas o latentes, surgen perspectivas de mejoramiento y entra plenamente en el camino de su auto superación como condición imprescindible para la transformación de su entorno personal, familiar, social, nacional y global.