Del secreto masónico a la crisis de las Logias
Por el Q.H. Cuauhtémoc D. Molina García
Desde siempre la francmasonería ha recibido el estigma de ser una sociedad secreta, y ello ha contribuido a dificultar su proceso de inserción en la sociedad moderna, pues al hombre contemporáneo le resulta difícil aceptar que en pleno siglo XXI y a la luz de los avances de la ciencia, existan aún individuos afectos a ocultar sus acciones cualesquiera que éstas sean. Pero se olvida que muchas organizaciones modernas pueden recibir el mismo encomio de ser calificadas como sociedades secretas. Este es el caso de los organismos eclesiásticos y de muchos otros. El Colegio Cardenalicio, por ejemplo, sesiona en secreto y por eso se denomina «cónclave», es decir, bajo llave. Los Caballeros de Colón nacieron como un remedo de la francmasonería templaria del Rito de York y con la finalidad de agrupar a los ciudadanos católicos de los Estados Unidos que exitosamente preferían la francmasonería como medio de asociación, y es así como sus uniformes y sistema de organización son un símil o un burdo remedo de los usados en las comandancias templarias de ese importante Rito de la francmasonería.
Muchos grupos de la iglesia católica trabajan bajo consignas de ocultamiento de sus designios y algunos de ellos representan intereses económicos, financieros, empresariales y políticos muy fuertes y altamente cuestionables desde el punto de vista de la ética y la doctrina cristianas, como es el caso del Opus Dei o bien los Legionarios de Cristo, que en México representan a las élites económicas y financieras del país. El propio cristianismo primitivo, durante los tiempos de persecución romana, tuvo que reunirse en sigilo para evitar las acciones enconadas de los emperadores que veían en la nueva religión una fuerte amenaza a la estabilidad política del imperio. Los grupos empresariales privados, por su parte, ejercen su derecho a la secrecía y sus juntas de accionistas sesionan bajo la más absoluta privacidad comprometiendo a sus miembros a guardar el sigilo y la prudencia necesarios, pues muchas de sus decisiones estratégicas podrían comprometer la seguridad de la empresa o su cotización en la bolsa de valores si son reveladas y hechas del conocimiento de sus competidores. Los gobiernos tampoco quedan exentos de la necesidad de sesionar bajo la más absoluta confidencia en aquellos asuntos que por su naturaleza pudieran Leer más
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