la virtud es un hábito, una cualidad que depende de nuestra voluntad, consistiendo en este medio que hace relación a nosotros, y que está regulado por la razón en la forma que lo regularía el hombre verdaderamente sabio. La virtud es un medio entre dos vicios, que pecan, uno por exceso, otro por defecto; y como los vicios consisten en que los unos traspasan la medida que es preciso guardar, y los otros permanecen por bajo de esta medida, ya respecto de nuestras acciones, ya respecto de nuestros sentimientos, la virtud consiste, por lo contrario, en encontrar el medio para los unos y para los otros, y mantenerse en él dándole la preferencia.
He aquí por qué la virtud, tomada en su esencia y bajo el punto de vista de la definición que expresa lo que ella es, debe mirársela como un medio. Pero con relación a la perfección y al bien, la virtud es un extremo y una cúspide.
Don José Ma. Jaurrieta
Cuatro años de indecible sufrimiento
mirando defecciones por doquiera;
replegada la espléndida bandera;
Que libre en antes tremolara al viento.
.’.
En cada pueblo un sacrificio cruento
Del que republicano y libre fuera;
Lasa llamas del incendio y de la hogera,
Consumiendo hasta el duro pavimento.
.’.
Desgracia tanta a muchos intimida
y a otros quita la última esperanza,
creyendo a la República perdida
entre llamas y ruinas y matanza,
más de Juárez la fe, jamás vencida,
el grande triunfo de la patria alcanza.
.’.
Ryszard Kapuscinski
Periodista, escritor y ensayista
Discurso durante el acto de investidura de doctor Honoris Causa de la Universitad Ramon Llull (Barcelona, 17 de junio de 2005)
Cuando me paro a reflexionar sobre mis viajes por el mundo, viajes que se han prolongado durante muchos, muchos años, a veces tengo la impresión de que las fronteras y los frentes, los peligros y las penalidades propios de esos viajes, me han producido menos inquietud que la incógnita, siempre presente y renovada a cada momento, de cómo transcurriría cada nuevo encuentro con los Otros, con esas personas extrañas con las que me toparía mientras seguía mi camino. Pues siempre supe que de ese encuentro dependería mucho, muchísimo, si no todo. Cada uno de ellos fue una incógnita: ¿cómo empezaría? ¿cómo transcurriría? ¿en qué acabaría?
El mero planteamiento de preguntas como éstas es, por supuesto, tan antiguo que podría calificarse de eterno. El encuentro con el Otro, con personas diferentes, desde siempre ha constituido la experiencia básica y universal de nuestra especie. Los arqueólogos nos dicen que los grupos humanos más antiguos no contaban con más de treinta o, a lo sumo, cincuenta personas. Si aquellas familias-tribus hubiesen sido más numerosas, les habría resultado difícil trasladarse con la rapidez suficiente. Si hubiesen sido más pequeñas, les habría resultado muy difícil defenderse y librar batallas en su lucha por la supervivencia.
Y he aquí a nuestra pequeña familia-tribu siguiendo su camino en busca de alimentos y de pronto se encuentra con otra familia-tribu. ¡Qué momento tan fundamental en la historia del mundo! ¡Qué descubrimiento más fabuloso! ¡Descubrir que el mundo está habitado por otras personas! Pues hasta aquel momento, el miembro de nuestra comunidad familiar y tribal podía vivir convencido de que, conociendo a sus treinta, cuarenta o cincuenta hermanos, conocía a todos los habitantes de la tierra. Y de pronto descubre que no, ni mucho menos; que el mundo también alberga a otros seres parecidos a él, ¡a otras personas!
¿Cómo comportarse ante tamaña revelación? ¿Cómo actuar? ¿Qué decisión tomar?
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Palabras expresadas por el Profr. Eduardo Vidal Loya con motivo de la imposición de una Medalla de Oro al V.’. H.’. Francisco Tiscareño Delgado el 27 de Diciembre de 1969 E.’. V.’. por su meritoria labor en la Masonería
Hacer el panegírico de un individuo, provoca en las personas que lo escuchan dos reacciones: la una, positiva por comprensiva y amable del auditorio, que simpatiza con quien lo hace; la otra, negativa y molesta, que se produce en el que se forzado a escuchar y para quien resulta antipático el que habla, no importa que lo que se esté diciendo de la persona a quien se honra, resulte pálido ante sus reconocidos atributos.
Si la persona a quien se elogia, además de reunir algunas bellas y buenas cualidades es también actora distinguida en lo económico, en lo social, en lo político o lo religioso, quien se expresa en su favor haciéndole justicia, no es más que un servil adulador para quienes no analizan o no quieren aceptar que existe en la naturaleza humana una cualidad, la vanidad, que si es bien cultivada, hace del hombre o la mujer el ser más útil y preciados para cuantos le rodean o figuran dentro del círculo de sus influencias.
La vanidad, que contra lo que algunos suponen, es una cualidad que distingue y dignifica a las personas que saben hacer buen uso de ellas y que provoca el rencor y engendra el odio en los espíritus pequeños o de calidad insignificante. Leer más
Margarita Eustaquia Maza Parada nació el 28 de marzo de 1826 en la ciudad de Oaxaca; sus padres fueron el matrimonio que formaban Antonio Maza, próspero agricultor genovés que se dedicaba al cultivo de la grana, y la señora Petra Parada Sigüenza. En Oaxaca Margarita vivió su infancia, la juventud y, luego, de manera intermitente, su vida al lado de Benito Juárez. Como se acostumbraba en aquella época, de niña recibió educación en su casa. Ahí maestros particulares y sus propios padres le enseñaron a leer, a escribir, a hacer cuentas y, en fin, a desenvolverse como una mujer educada, además de que, sin duda, desde pequeña absorbió las ideas liberales con las que su padre congeniaba.
Margarita Maza Parada Murió el 2 de Enero de 1871. En su existencia se ganó el respeto y admiración de quienes le conocieron ya que siempre apoyó la causa republicana cuando se tiene la percepción de que las mujeres de la época que al ser consideradas abnegadas y sumisas tendrían que apoyar las causas conservadoras en lugar de las liberales.
Margarita fue una mujer valiente, trabajadora, inteligente y solidaria con un proyecto de país. Nada la define mejor que la expresión “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”.
Fue esposa de Juárez durante 28 años, ella lo apoyó en lo momentos cruciales de su carrera, tanto anímica como económicamente, además de que fue ella quien, sola, se hizo cargo del sustento y de la educación de los hijos durante largas temporadas. La joven mujer, luchadora incansable, se vio envuelta en el torbellino de la política, en las mil Leer más
Hace algunos días discutíamos acerca de las percepciones de nuestros sentidos y alguien puso sobre la mesa El caso de un Hermano que se retiro de la orden argumentando que no se sentía libre.
Si queremos tomar en cuenta como es que realmente se dan las cosas, no debemos ignorar que las cosas forma parte nuestro hablar de ellas y considerarlas. Es necesario que estas valoraciones las hagamos reconociendo que la finitud de la razón humana no consiste sólo en que las categorías siempre deben aplicarse a un material que nos viene de la sensación o percepción. Finitud quiere decir que también nuestro mirar el mundo forma parte de los hechos del mundo, y no podemos nunca entenderlo como un mirar “puro” que nos diría como son en realidad y siempre las cosas.
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Albert Einstein
No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.
Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y sus penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.
Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.