Todos los pueblos de la antigüedad y todos los misterios antiguos celebraban sus banquetes místicos y religiosos. Los egipcios y griegos daban banquetes sagrados; los Romanos celebraban los LECTISTERNES a los cuales invitaban a sus Dioses, cuyas estatuas rodeaban la mesa del festín. Los judíos se reunían en comidas religiosas prescritas por MOISÉS; los primeros cristianos celebraban sus comidas de amor y caridad en el nombre de ÁGAPES, en los cuáles llegaron a provocarse tales desórdenes que hubieron de suspenderse; No obstante, los Masones los hemos conservado en toda su pureza.
La masonería, fiel admiradora de los misterios de la naturaleza, celebra todos los años, en los dos SOLSTICIOS esas fiestas tan interesantes que siempre llenan de júbilo el corazón de sus integrantes. En esta doble época el astro vivificante se detiene aparentemente como si quisiera indicar a los hombres que tienen que suspender el curso habitual de sus trabajos para entregarse a un acto de gratitud hacia el autor de todas las cosas.
Cuan hermoso es el día en que millones de hombres pertenecientes a todos los países, religiones y ceremonias, animados por un mismo espíritu y unidos por un mismo lazo de FRATERNIDAD, piden al eterno el triunfo de la PAZ, de la JUSTICIA y de la VERDAD. Renuevan el juramento de AMARSE, SOCORRERSE Y TRABAJAR sin descanso para ALIVIAR los males que padecen sus semejantes.
Los banquetes masónicos son esencialmente MÍSTICOS por sus formas, y FILOSÓFICOS por sus principios, por lo tanto, el banquete que ahora que ahora celebramos no es una comida vulgar. La sabiduría antigua no habría hecho obligatoria una reunión que solo tuviera un fin frívolo, Nuestros ágapes completan la gran ALEGORÍA que se desarrolla en los diversos grados. La forma de nuestra mesa es absolutamente ASTRONÓMICA, pues el solsticio de verano representa el hemisferio superior y el solsticio de invierno el hemisferio inferior.
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Si se divide el zodiaco en dos círculos concéntricos, cuya distancia sea la mitad de la anchura de la elíptica y se les corta por dos diámetros, el horizonte figurará el ecuador celeste y marca por sus extremos los dos puntos EQUINOCCIALES, ocupados con razón por los VIGILANTES; porque desde ese límite ecuatorial se pueden ver los dos polos, divisar todas las constelaciones y vigilar u observar todas las revoluciones. El otro diámetro trazado verticalmente, designará los puntos SOLSTICIALES, es decir los puntos en que la elíptica toca en los trópicos. El VENERABLE MAESTRO, que según nuestro ritual, representa al sol, ocupa la extremidad de esta línea vertical, o sea, el punto SOLSTICIAL; en verano el punto superior y en invierno el punto inferior. Si trazamos a la circunferencia interior una tangente que sea perpendicular al diámetro vertical, los puntos en que esta tangente corte a la circunferencia exterior determinará los lugares que deben ocupar el ORADOR y el SECRETARIO quienes se encuentran a treinta grados del VENERABLE MAESTRO y a sesenta grados de los VIGILANTES, es decir, a dos tercios del espacio trimestral que indica cada cuarto de círculo.
De modo que la disposición de las dos mesas solsticiales es, como la bóveda de nuestro templo, la imagen del cielo y de las épocas solares. Todos los objetos que se hallan en estas mesas, recuerdan, como los tres grados simbólicos, los elementos de que se compone la naturaleza en su tres reinos; los utensilios que han recibido nombres guerreros en los tiempos modernos, pertenecen al reino mineral. Los diversos alimentos guardan relación con los otros dos reinos.
¿No representa todo este conjunto a la naturaleza, simbolizada por medio del triángulo luminoso, de que el conocimiento de sus lados cierra el estudio TRINOSÓFICO o de tres grados?
Los solsticios se representan en nuestros templos y logias por dos COLUMNAS que representan el “NEC PLUS ULTRA” de la marcha aparente del sol durante los doce meses de año, meses simbolizados por los doce trabajos de Hércules, al fin de los cuales se encuentra también las dos columnas, los EQUINOCCIOS y SOLSTICIOS han recibido el nombre de puerta de los cielos y de las estaciones, de ahí vienen los dos santos JUANES cuyas festividades celebran los masones en los dos SOLSTICIOS, pues recuérdese que la palabra JUAN viene de “JANUA”, que significa PUERTA.
La vía láctea que, según ese sistema, pasaba por la puerta de los SOLSTICIOS, parecía servir de ruta. En nuestros trabajos de banquetes se brinda SIETE veces, cuyo número es igual al de los planetas a quienes se ofrecían las antiguas siete libaciones, que hoy en día se han substituido por los siete BRINDIS MASÓNICOS.