El mejor cumplimiento de nuestro deber, buscando la expresión de lo más elevado, nos muestra también la necesidad de una actitud de tolerancia y comprensión que hemos de observar respecto de los que se esfuerzan en sus particulares caminos, los que, aunque distintos del que seguimos, son igualmente dirigidos hacia la misma finalidad, pues UNO es el objeto, finalidad, Meta y Razón Suprema de todo.

No debemos nunca perder de vista la unidad en la multiplicidad, ya que cuando lo hagamos nos alejamos de aquella visión central en la que únicamente reside la Perfecta Comprensión, y nos circunscribimos en la estrechura del Fanatismo. Una vez hayamos superado en nosotros mismos la superstición ignorante, con una más elevada e iluminada comprensión de la Verdad, habremos adquirido también una más perfecta comprensión para los que todavía se hallan más o menos alejados de nuestro punto de vista, y con esta comprensión aquella inalterable tolerancia que constantemente va acompañada del perfecto conocimiento.

Así pues, toda forma de intolerancia demuestra una correspondiente angostura o limitación de la inteligencia: quien realmente sabe, comprende –como la extensión del compás que llega más allá del alcance ordinario de sus brazos- y de esta manera entiende lo bueno y lo justo que se esconde también en muchos llamados errores y prácticas supersticiosas.

No debemos, por consiguiente, usar la escuadra sin el compás, ni éste sin aquélla. La comprensión es necesaria para el juicio; pero tampoco puede haber una justa comprensión sin el juicio; sólo que esto ha de ser lo más posible recto. La perfección se encuentra constantemente en el medio, es decir, entre la escuadra y el compás. Por esta razón el Maestro Secreto pone entre estos dos instrumentos del grado anterior la Llave de un Iluminado entendimiento que debe caracterizarlo, emblema de la armonía que realiza entre el Juicio y la Comprensión.