No hay cambios sin sacrificios
La Virtud es el esfuerzo que domina las pasiones, para que exista debe haber lucha. Jamás debe confundirse con la honradez que se encuentra a menudo en los apáticos, la benevolencia que se encuentra en los débiles o la beneficencia que se puede asociar con el vicio. Ningún apático, débil o vicioso es virtuoso.
Una madre se acercó a Mahatma (Alma Grande) Gandhi deseosa de que le ayudara a solucionar un problema que tenía con su hijo. Se acercó a Gandhi pidiéndole que hiciera algo para que su niño dejara de comer tantos dulces. Gandhi la miró pacientemente y le dijo que regresara en dos semanas. La madre se retiró, curiosa y preocupada, no pudiendo entender el por qué de la espera. A las dos semanas la madre regresó y esta vez Gandhi miró directamente al niño y de una manera firma e imperativa le dijo que dejara de comer dulces. El niño se impresionó profundamente y dejó de comer dulces por todo el resto de su vida. Después del incidente la madre se acercó a solas a Gandhi y le preguntó el por qué de la espera de dos semanas. Este le sonrió y le confesó que cuando llegaron no podía decir nada porque en ese justo momento él mismo se estaba comiendo unos dulces.
Esta bellísima historia nos indica el poder que tiene el cambio y de que nosotros mismos somos quienes debemos cambiar el mundo. Por eso se dice que los Pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
Si deseamos una mejor comunidad ésta llegará impulsada en gran parte por las cualidades morales, gerenciales y personales de sus líderes, pero ¿qué sucede si encontramos que los líderes que tenemos carecen de tales cosas? Soy de los que creen que nos merecemos mejores líderes, líderes que nos enseñen eficiencia, honestidad, transparencia y solidaridad; y, sobre todo, líderes que nos guíen con el ejemplo.
Gandhi comprendió que producir cambios fundamentales requiere profundos sacrificios y grandes transformaciones. A veces el sacrificio es supremo, a veces las transformaciones son muy costosas.
No todos somos llamados a sacrificarnos de tal manera como para tener que morir por la patria. Un gran sacrificio para nosotros es luchar contra la dictadura de la apatía en la que vivimos sumidos. Por causa de la apatía no vemos la destructiva plaga de la impunidad, ese cáncer maléfico que carcome la fibra moral del pueblo y que nos roba de un mejor futuro. La impunidad es la incapacidad de combatir los vicios, la indiferencia y apatía ante las pérdidas y daños causados por la ineficiencia y la corrupción. Para acabar con la impunidad es necesario ser valiente
Para lograr las transformaciones serán necesarios algunos sacrificios.
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