La intuición

La intuición es un concepto extraído de la epistemología que describe aquel conocimiento que es directo e inmediato, sin intervención de la deducción o del razonamiento, siendo habitualmente autoevidente.

Un conocimiento directo y aparentemente inmediato; un juicio, significado o idea que se le ocurre a una persona sin un proceso aparente de pensamiento reflexivo. A menudo se llega a una conclusión a partir de pistas mínimas, como si «saliera de la nada».

Es un acto de la mente por el cual vemos de forma inmediata, con claridad y distinción, la verdad de una proposición. René Descartes expone que los dos actos de nuestra inteligencia o razón son la intuición y la deducción. La intuición no es el testimonio de los sentidos ni el juicio engañoso de la imaginación sino la concepción que nace o tiene su origen en las “solas luces de la razón”. Es más segura que la deducción y no deja lugar a dudas de aquello que comprendemos. Identifica la intuición con la luz natural. Tiende a ser un mecanismo de comprensión interno.

No es necesario demostrar todo, puesto que hay cosas que no se pueden demostrar pero que nuestra mente puede ver inmediatamente que son ciertas. Estas cosas son precisamente los fundamentos o bases de toda demostración.

Descartes tomó del proceder matemático, particularmente de la geometría, la distinción entre intuición y deducción. La geometría euclidiana parte de unos primeros principios indemostrables o axiomas y mediante cadenas argumentativas concluye en proposiciones cada vez más complejas o teoremas. A diferencia de algunas consideraciones contemporáneas que defienden la idea de que dichos principios se aceptan por convención o por su poder para generar muchas proposiciones consistentes, Descartes consideró que se aceptan porque la mente ve inmediatamente su verdad (por intuición); sin embargo llegamos a la verdad de los teoremas por deducción.

Lo peculiar del enfoque racionalista consiste en considerar que, junto con lo que podríamos llamar intuición sensible o percepción, existe una intuición más perfecta,  la intuición de la mente o intuición intelectual. Este punto de vista supone dos cosas:

  1. Que la mente puede ver de una manera propia, que no sólo ven los ojos físicos;
  2. Que hay ciertos objetos que se pueden mostrar, que pueden estar presentes, en persona, ante ella.

Descartes pone como ejemplos de este tipo de conocimiento la intuición de la propia existencia, el acto de conocimiento que la mente tiene de sus propias vivencias, pero también el conocimiento de verdades universales respecto de objetividades o realidades distintas a la de la propia mente  (“que el triángulo está definido sólo  por tres líneas”, “que la esfera por una superficie”, … )

Finalmente, señala las diferencias entre la intuición y la deducción:

  • La intuición es un acto simple, la deducción es un cierto movimiento o sucesión de la mente;
  • La intuición ofrece evidencia presente, mientras que la deducción parece exigir la presencia de la memoria, el recuerdo de haber vivido ciertas evidencias, pero no exige la evidencia actual;
  • La intuición es más básica o fundamental que la deducción, pues incluso podemos decir que la deducción no es otra cosa que intuiciones sucesivas.

La intuición es la capacidad que nos ayuda a tomar decisiones correctas, a manejarnos con eficacia en el mundo productivo, no ayuda a descubrir las intenciones de quienes nos rodean y nos permite encaminar metas y propósitos.

Todas las personas son potencialmente intuitivos. El poder de captar señales no es una capacidad paranormal reservada a unas pocas personas. Simplemente se trata de una visión más profunda y amplia del mundo que percibimos. Esta percepción, una vez desarrollada, nos permite percibir la realidad de un modo más completo, de manera tal que es posible anticipar sucesos, descubrir intenciones ocultas, evitar peligros e ir sobre seguro a la hora de tomar decisiones fundamentales. Vamos percibiendo situaciones y conceptos que antes nos eran invisibles.

El fenómeno intuitivo tiene diversas dimensiones. No se limita a tratar de manejar de un modo más inteligente y eficaz la información que recibimos de nuestras experiencias. Tampoco se limita al campo de los “presentimientos”. Esta facultad es más compleja de lo que se cree y ha merecido la atención de prestigiosos investigadores.

Carl Gustav Jung sostiene que la intuición es una de las cuatro funciones de la psique. La primera es la percepción; la segunda, el pensamiento; la tercera, el sentimiento y finalmente, en cuarto lugar, nos encontramos con la intuición. Esta última función le permite al individuo recordar y almacenar las experiencias vividas y le ayuda a orientarse para entender y, eventualmente, cumplir con su misión en la vida. Se dice que la intuición procede directamente del inconsciente. Es decir, maneja datos que el individuo aparentemente ha olvidado, reprimido o no tiene presentes todo el tiempo. Se parece más al instinto que a la razón, por eso, a menudo, las personas reciben señales intuitivas a través de sensaciones físicas (dolores, cansancio, malestar) y eso les permite anticipar un determinado hecho que está a punto de ocurrir.

Si deseamos tomar contacto con nuestro potencial intuitivo, no debemos depender exclusivamente de los mecanismos lógicos con que nos manejamos habitualmente. El sexto sentido no se activa por medio de la razón sino de la imaginación, la creatividad, la capacidad de tomar caminos mentales nuevos, no convencionales.

Si nos limitamos e insistimos en razonarlo todo, difícilmente podrá conectarse con su intuición. La lógica le permite resolver cuestiones prácticas, se limita a manejar datos conocidos y elabora un tipo de conocimiento que puede ser compartido para todo el mundo. En cambio la imaginación sí es una herramienta adecuada para la intuición, porque genera una sabiduría basada en las experiencias personales. Sólo a través de la imaginación y la creatividad es posible integrar armoniosamente la información, los deseos y los sentimientos.

La intuición va mucho más allá que “adivinar” o “presentir”, consiste en tratar de extrapolar las experiencias acumuladas en la vida y usarlas en las nuevas situaciones que se presenten. Esto, obviamente, no está mal. Sólo que cuando uno tiene que operar en diferentes escenarios, en donde los volúmenes son enormes, o las cantidades son más grandes, empieza a deslizarse por caminos  desconocidos.

Pero, como en todo, uno se entrena y aprende. Lo más importante es aprender de la experiencia, de cada hecho que observamos tenemos la oportunidad de acumular conocimiento, incluso de hechos simples y ciclos aparentemente repetitivos o rutinarios.