La prisión preventiva, a menudo desastrosa
La pérdida de la libertad personal o el encarcelamiento, fuera de que constituye la esclavitud temporal, acarrea padecimientos de todo género, físicos y morales, al que la sufre; deja en el desamparo a la familia, y dificulta al acusado las pruebas de su inocencia y de la maldad del que le persigue o acrimina. ¿Y qué hecho peor que aprehender a un inocente y tenerle detenido hasta que se juzgue su causa, cuyo término prolonga tan frecuentemente la necesidad y la malicia? El rico, el comerciante, el agricultor, se arruinan muchas veces; y el proletario o industrial, al recobrar la libertad, hallan con frecuencia prostituida la esposa o deshonrada la hija, que sucumbieron al hambre; y esto sin contar las enfermedades y la muerte misma por el influjo del sitio en el que le encierran o confinan, y la falta de asistencia de los que le aman.
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