A  L.’. G.’. D.’. G.’. A.’. D.’. U.’.

S.’. F.’. U.’.

Para quienes buscan fervientemente alcanzar la experiencia de la iniciación en los augustos misterios de nuestra Orden, van dirigidas estas breves lineas; pero no sólo para aquellos, sino también para quienes tienen dudas o incertidumbre, de si iniciarse es o no, una buena decisión. Mis palabras no únicamente pueden resonar con fuerza en el oído profano, pues con ellas invito a mis hermanos a que hagan un examen a conciencia, en relación a si hemos conseguido cumplir con las expectativas que el perfil masónico demanda, dado que como ellos mismos me han dicho en innumerables ocasiones, no es igual el momento de la llegada de una persona a la Masonería, que cuando ésta llega a aquel.

El masón es por definición, un hombre libre y de buenas costumbres, amante de su patria, fiel a las leyes, honrado y virtuoso. Además, aun existen otras características que constituyen la nota distintiva de un Francmasón, como por ejemplo el ser un estudioso de la naturaleza y todo cuanto nos rodea; es a la vez, un critico analista de los problemas que aquejan a la sociedad y también propone soluciones. Es un hombre trabajador, progresista, filosofo, filántropo e idealista.

Ser “libre y de buenas costumbres” es la condición preliminar que se pide al profano para poder ser admitido en nuestra Orden, por ser esta una condición necesaria de todo progreso moral como espiritual; aunque pienso que lo que se pide es que el candidato busque con un animo templado, ser libre de miedos casi siempre infundados y de los errores, de los vicios y de las pasiones que embrutecen al hombre y hacen de él un esclavo de la fatalidad; de buenas costumbres por haber orientado su vida hacia lo más justo, hacia lo más elevado e ideal. Esta condición la encuentran los hermanos durante el transcurso de sus estudios en la filosofía moral.

Un miembro de nuestra institución se vuelve un incansable indagador de la Verdad, pero para buscar eficazmente la Verdad y alcanzarla, se necesita el vehemente deseo de poseerla, es decir, un deseo cuya fuerza sea suficiente para impulsarnos, con la energía necesaria para no claudicar en esta tarea, pues la búsqueda debe hacerse igualmente con perfecta libertad de espíritu, habiéndose despojado de todos los errores, prejuicios y creencias que son los metales o moneda corriente del mundo profano, ejercitándose en pensar por uno mismo, sin tener otra mira que la Verdad, a la cual llegaremos cuando logremos superar los mismos límites de nuestro pensamiento, en esto ultimo, el pensar por si mismo, ser original y sobresalir en su medio social en razón de estas características personales que le distinguen, es que califico al masón como un idealista.

Amante de su patria y fiel a las leyes, y a la Autoridad Constituida (y, por consecuencia, a cualquier forma de gobierno que sea legitima en función de lograr el bien común) ha sido siempre uno de los primordiales requisitos de la Masonería, por esta razón el iniciado, si bien perfectamente libre de todo espíritu de sujeción a atavismos vanos, se impone el deber de respetar las Leyes y Autoridades del país en que se encuentre.

Esencialmente todo masón es filosofo, porque sus estudios tienen por objeto el descubrimiento del ser interior y el conocimiento de sí mismo, intentando en la medida de lo posible nunca perder la capacidad de asombro, contemplando con la mente y los ojos bien abiertos los acontecimientos de la naturaleza y de la sociedad, ya que desgraciadamente, el hombre de hoy tiene tan torpe imaginación que no se anima a escudriñar nada, contentándose con adorar al creador y trabajar rutinariamente a fin de obtener la falsa seguridad que acerca el dinero, ajustándose casi siempre a arquetipos equívocos de éxito y felicidad.

Los detractores de nuestra asociación, las mentes suspicaces y otros podrán decir que hasta aquí solamente me he concentrado en exaltar las cualidades del masón, que omitido expresar otras características, las negativas; sin embargo, no es que las haya dejado de lado, es que recordemos que estas virtudes son lo que distingue al hombre que más se aproxima a comprender las enseñanzas de nuestra Orden, estos son los objetivos o metas a las cuales queremos llegar al concluir nuestra carrera masónica, la cual continuará hasta en tanto vivamos. La ceremonia de la iniciación aunque es trascendental en nuestras vidas y causa muchos efectos en los candidatos, entre éstos no se encuentran generar un cambio como por arte de magia o generación espontánea en la personalidad del neófito; por el contrario es el primer paso de un largo camino por recorrer para llegar a impregnar en nuestros actos las virtudes que la filosofía moral enseña a practicar, sendero difícil por el que nosotros transitamos con gusto pues comprendemos que hay mas placer en marchar a la Verdad, que en llegar a ella.

Para lograr este cambio de morir para el vicio y renacer a la virtud, que es lo que se busca con la iniciación, es necesario que en especial el aprendiz entienda que él es a la vez obrero, materia prima e instrumento de su perfeccionamiento. También compañeros y maestros debemos comprender el mensaje, pues si bien es cierto que la iniciación confiere el título de masón, la calidad de tal tiene que ser adquirida individualmente, esforzándose porque estas expectativas de las que he hablado, se vuelvan realidad y no simplemente buenos deseos.

Bibliografía. Manual del Aprendiz Mason – Aldo Lavagnini. y Jorge Adoum – El Aprendiz y sus Misterios Pag. 32

FRATERNALMENTE
LUIS  M.’.M.’.
R.’. L.’. S.’. ANTONIO CANALES OLIVARES NUM. 64