El sentimiento de la Veneración indica que hay entre nosotros algo que nos obliga a respetar a los grandes hombres durante su vida, y a tenerlos presentes para imitarlos después de su muerte; dirige todos nuestros actos y nos fuerza a dar a cada uno lo que le pertenece. Visitad los sepulcros de los beneméritos de la Humanidad, y sentiréis que circunda el reflejo de lo infinito, y en el aire que se agita, en torno de sus tumbas silenciosas, percibiréis una armonía que, a pesar vuestro, os fascina y quisierais excederlos. Esta intuición del deber que dirige los actos sublimes que a todos arrebatan, guió al hombre de una manera indefinida en los primeros tiempos, por lo cual hechos de barbarie se veían al lado de los de la abnegación más bella.

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