La seducción de la popularidad en el campo de batalla
No te dejes seducir por la popularidad, que es efímera y superficial. Que algunas personas te aborrezcan; no puedes complacer a todos. Tus enemigos, aquéllos a quienes te opones tajantemente, te ayudarán a forjar una base de apoyo que no te abandonará. No te arremolines en el centro, donde están todos; en medio de una multitud no hay margen para la lucha. Polariza a la gente, aleja de ti algunas personas y crea un espacio para la batalla.
Todo en la vida conspira para empujarnos al centro. El centro es el reino del arreglo. Llevarse bien con los demás es una habilidad importante, pero que implica un riesgo: al buscar siempre la vía de la menor resistencia, la vía de la conciliación, olvidas quien eres y te hundes en el centro con todos los demás. Concíbete como un luchador, un intruso rodeado de enemigos. La batalla constante nos mantiene fuertes y alerta. Nos ayuda a definir en que creemos, en lo referente a nosotros como a los demás. No te inquietes por enemistarte con algunas personas; sin enemistad no hay batalla, y sin batalla no hay posibilidad de victoria. No nos dejemos seducir por el deseo de ser apreciados: es mejor que nos respeten, incluso que nos teman. La victoria sobre nuestros enemigos nos brindará una popularidad más duradera.
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