Ciencia y seudociencia, como distinguirlas
Mario Méndez Acosta
En la época de los griegos, empezó a surgir un nuevo tipo de explicación sobre el mundo, que basada fundamentalmente en la noción de que el mismo es auto explicable. Todo lo que ocurre en este, incluyendo nuestra presencia y nuestro destino, pueden ser explicados por factores inherentes a la naturaleza y no es necesario acudir a una explicación mágica que implique la influencia de fuerzas ocultas o externas a esa naturaleza: a esa explicación la hemos denominado ciencia.
La mayor parte de las explicaciones científicas se pueden expresar como leyes. Una ley científica es la descripción de una acción o fenómeno que se repite con regularidad y que permite una refutación o una confirmación, lo cual puede ser verificado o replicado por cualquiera con los medios adecuados.
En muchos casos el pensamiento mágico se disfraza con los ropajes de la ciencia. Quienes lo proponen buscan la credibilidad y la aceptación de la comunidad científica y del público simplemente reproduciendo la terminología y cumpliendo alguno de los rituales externos de la actividad mítica.
La seudo ciencia es fácil de detectar, ya que una de sus características fundamentales es la de ofrecer algo a cambio de nada. Ofrece al público incauto la posibilidad de obtener conocimiento sin necesidad de un laborioso aprendizaje, es esto se incluyen actividades como la clarividencia, le precognición, la predicción astrológica o la posibilidad de enviar mensajes a una velocidad mayor a la de la luz o hasta en forma instantánea, como se afirma que puede lograr la telepatía. Ofrece también salud y curación a las enfermedades de una manera barata, infalible e indolora.
La seudo ciencia se basa en una serie de postulados básicos inatacables, creados generalmente por un fundador, que es venerado, y cuyas enseñanzas se convierten en una especie de texto sagrado.
Nadie está libre de caer bajo la influencia de algún tipo de creencia seudo científica, ya que son en verdad seductoras.
Lo que conviene hacer es sembrar en sus mentes la semilla de la duda, ya que muchas veces sucede que no han tenido acceso a información crítica sobre eso que llegan a creer a pie juntillas.
Fuente: Mario Méndez Acosta, Revista Ciencia y Desarrollo, Numero 168, Ene Feb 2003, CONACYT, Mexico.
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