La Conciencia Moral
Su naturaleza y su papel u oficio
- Su naturaleza. Para analizar los fundamentos de la moral, existe una base suprema, que es Dios, y un fundamento inmediato y próximo, que es la naturaleza racional del hombre, y el dictamen práctico de la razón o conciencia moral. Por su etimología, conciencia (en latín conscientia), significa un conocimiento o saber compartido con otro. Quien comparte con otro un conocimiento puede ser, según el caso, testigo, confidente o cómplice, oficios que pueden ser desempeñados por la conciencia moral. El término conciencia puede ser tomado en varias acepciones:
- Conciencia psicológica, o la intuición que tiene la mente de sus estados psíquicos o anímicos. Se la define igualmente, como la percepción inmediata que el alma tiene de ella misma y de sus fenómenos actuales. Es un testigo de nuestra actuación presente.
- Se la asimila, a veces, como entendimiento o juicio, es decir como la capacidad de juzgar rectamente en cuestiones morales, o el conocimiento práctico de los primeros principios del orden moral.
- Conciencia moral, definida como “la facultad de formar juicios sobre el valor de los actos humanos”, “el entendimiento en cuanto juzga el valor moral de nuestros actos”, o simplemente “la facultad de discernir el bien del mal”.
Además de un testigo, la conciencia moral es al mismo tiempo un juez que condena o aprueba los actos
de nuestra actividad consciente y libre.
- Su papel u oficio. Si la conciencia moral es el entendimiento o razón en cuanto juzga el valor moral de nuestros actos, sus funciones giran en torno de dicho juicio valorativo que abarca diversos momentos:
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- Antes del acto, la conciencia actúa como consejero, por la apreciación que el entendimiento hace del valor moral de las varias alternativas que se le ofrecen. En aquella intervienen tres factores:
- Bien en si, o precepto moral con el que el acto está o no de acuerdo;
- Deber, o necesidad moral de hacer el bien y evitar el mal;
- Derecho, o poder moral de usar o exigirlos medios para cumplir el deber. En virtud de dichos actos, la inteligencia o razón (conciencia), da a nuestra voluntad razones o motivos para determinarse con conocimiento de causa.
- Durante la ejecución del acto y salvo el caso de crisis pasionales que modifican la actividad reflexiva, o cuando la atención queda monopolizada por el acto que se ejecuta, la conciencia se manifiesta dándonos el sentimiento de que somos agentes libres y responsables de nuestra acción.
- Después del Acto, la conciencia interviene como juez y ejecutor de una sentencia, representada por diversidad de sentimientos morales: satisfacción, tranquilidad, remordimiento, vergüenza, arrepentimiento, etc. Todo hombre dueño de sí mismo, escucha esta voz interna y encuentra en la misma una primera recompensa de su bien obrar o un primer castigo de su mal proceder.
- Antes del acto, la conciencia actúa como consejero, por la apreciación que el entendimiento hace del valor moral de las varias alternativas que se le ofrecen. En aquella intervienen tres factores:
Siendo el campo de la conciencia no sólo nuestros actos ejecutados libremente y con pleno conocimiento (actos humanos), sino también los de nuestros semejantes, la propia conciencia dicta igualmente su fallo sobres estos últimos. Surge así otra clase de sentimientos morales de carácter social, tales como estima, admiración, simpatía, emulación, desprecio, indignación, etc.
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