Nuestra búsqueda

No vale tanto el hombre por la verdad que posee o dice poseer como por el esfuerzo sincero que le ha costado conseguirla; porque sus poderes no aumentan al poseer la verdad, sino por el contrario al investigarla, que es en lo único en que consiste su perfectibilidad. Las riquezas y las posesiones, adormecen las energías del hombre y le llenan de pereza y de
vanidad. Si Dios me ofreciese con su mano derecha la verdad absoluta y con la izquierda únicamente el intenso impulso interno hacia la verdad, y me dijese: ¡Elige!, me asiría humildemente a su mano izquierda, aun a riesgo de exponer a la humanidad a errar continuamente, y le diría: “Oh, Padre mío, dame lo que tienes en esa mano; porque la verdad absoluta sólo a ti te pertenece”.
G. E. Lessing, Fragmentos.

Valle de la paz

Y así continúa la búsqueda, la búsqueda que no sabemos cómo ni cuándo ha de terminar en hallazgo. Y este hallazgo no será sino la preparación para otra búsqueda; porque durante toda nuestra existencia hemos de buscar. Siempre ha de ser utilísimo el estudio de los medios de que se han valido los que nos precedieron en el camino.

En nosotros estriba el seguir conscientemente el camino que conduce hacia Dios, a través de lo bello, de lo perfecto, de lo santo. Cuando lleguemos a la meta final llevando solamente lo que nos pertenezca y dejando atrás todo lo que no constituya nuestro verdadero yo, descubriremos que los que fueron compañeros nuestros de fatigas están con nosotros. La meta se llama el Valle de la Paz.

Arthur Edward Waite, The Secret Tradition.